
Tarija. Lo que en un inicio parecía una sorpresa electoral comienza a perfilarse como una tendencia creciente. Víctor Hugo Zamora, conocido popularmente como “Ojorico”, está aplicando en la capital una estrategia similar a la que llevó a Rodrigo Paz a la presidencia municipal: sumar votos de izquierda y derecha bajo una sola bandera, la de la gestión sin confrontación.
Analistas políticos coinciden en que Zamora ha decodificado el éxito de Paz —quien alcanzó el 54,5% de los votos— al enfocarse en el llamado voto “huérfano”. Se trata de aquel electorado que en el pasado respaldó al MAS, pero que hoy busca soluciones concretas más allá de las ideologías. Mientras otros candidatos centran sus esfuerzos en debates virtuales, Zamora insiste en un discurso de reactivación económica y descentralización, acompañado de acciones inmediatas como la entrega de pantallas LED en zonas con problemas de iluminación.
El electorado tarijeño parece mostrar signos de saturación frente a la confrontación política. Este desgaste se refleja en la figura de Luciana Campero, cuya presencia mediática se ve opacada por su constante enfrentamiento con el actual alcalde Johnny Torres. “Legislar no es lo mismo que administrar”, repiten algunos votantes que observan con recelo su estilo combativo. Torres, por su parte, enfrenta críticas por el continuismo en su lista de concejales, donde figuran nombres cuestionados por su pasado político o por la falta de resultados en áreas sensibles.
En medio de este escenario polarizado, Zamora se posiciona como el “conciliador”. Su propuesta de dejar atrás las peleas para concentrarse en los próximos cinco años de gestión resuena especialmente en familias que priorizan estabilidad y empleo.
La estrategia de “Ojorico” es pragmática: menos televisión y más calle. El contacto directo con los vecinos y la atención a problemas inmediatos le están permitiendo consolidar un apoyo transversal que cruza todas las clases sociales, perfilándolo como un actor clave en la nueva dinámica electoral de Tarija.
