
El comandante general de la Policía Boliviana, Mirko Sokol, presentó su renuncia irrevocable el 31 de agosto de 2026, en medio de la investigación por el caso de los “audios”. Su salida se produjo tras no acudir a declarar ante la Fiscalía Antic0rrupción de La Paz, donde debía responder por denuncias de presunta recaudación de dinero para influir en designaciones dentro de la institución.
El caso fue denunciado por el vicepresidente Edmand Lara, quien acusó a Sokol y otros oficiales de concusión, cohecho pasivo y enriquecimient0 ilícito. En los audios filtrados se habla de un supuesto fondo de 2 millones de dólares para gestionar cambios en el mando policial.
La presión política y mediática aumentó cuando Sokol fue desautorizado públicamente por el ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, en relación a sus declaraciones sobre prioridades institucionales.
Tras la renuncia, todo el Alto Mando policial puso sus cargos a disposición, generando un vacío de conducción en plena ola de conflictos sociales. El Gobierno prepara el nombramiento de un nuevo comandante y ajustes en la estructura de la Policía.
La salida de Sokol, después de apenas nueve meses en el cargo, abre un escenario de inestabilidad interna en la fuerza del orden.La crisis refleja un problema más profundo: la credibilidad de la Policía Boliviana se encuentra en entredicho.
El desenlace del caso “audios” y la designación del nuevo mando serán claves para definir si la institución logra recuperar autoridad o si se profundiza su debilitamiento.
